El capitalismo inclusivo es expresión de una denuncia y de una demanda. Nuestro sistema económico no es inclusivo.

Capitalismo inclusivo

Corren tan rápidos los acontecimientos en nuestro tiempo que referirse a algo que ocurrió en mayo de 2014 puede parecer ya carente de todo interés. Pero hay hechos puntuales que interesan por su carácter sintomático. Eso ocurre con Conferencia para un Capitalismo Inclusivo, celebrada en Londres en la fecha señalada.

Ya el término elegido es significativo: capitalismo inclusivo. De capitalismo hablamos bastante, lo nuevo es añadirle ese adjetivo. Es expresión de una denuncia y de una demanda. Nuestro sistema económico no es inclusivo. Y hoy tenemos una conciencia más aguda de que ha dejado de serlo porque la reciente crisis y, más aún, los comienzos de la recuperación así lo han puesto de manifiesto. Estos años dejaron a mucha gente en la cuneta, excluidos; y la mejora de la coyuntura económica no logra reincorporarlos, incluirlos.

Efectos excluyentes del sistema económico

Es digna de leerse la intervención en dicha Conferencia de Christine Lagarde, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional. En ella, no solo denuncia los efectos excluyentes de la crisis económico-financiera que hemos padecido, sino que identifica al sector financiero como causa última de tamaño descalabro. Por eso aboga ante todo por reformas más incisivas en este para que la confianza pueda recuperarse, pero reconociendo al tiempo la necesidad perentoria de un rearme ético de la sociedad y, especialmente, de los agentes financieros.

Unos meses antes (noviembre 2013) Francisco había recurrido también al binomio exclusión-inclusión en su primer documento solemne como papa. Denunciaba esa cultura del descarte que el sistema económico ha generado: en nuestro mundo hay colectivos que ya no son ni siquiera explotados y oprimidos, sino que quedan reducidos a desechos y sobrantes. Con esta exclusión queda afectada la misma pertenencia a la sociedad en la que se vive: ya no se está ni en la periferia ni sin poder, sino lisa y llanamente fuera.

Ante este dinamismo excluyente el papa asigna a los cristianos como tarea propia la de trabajar por la inclusión de los más pobres, de los descartados y sin lugar.

Esta coincidencia en los términos de exclusión e inclusión en boca de dos personalidades que proceden de ámbitos tan diferentes ¿no resulta reveladora de una preocupación que ojalá contagiara a muchos? Es una invitación para que no nos resignemos a un mundo que parece irremisiblemente abocado a generar desigualdades.

Ahora bien, con la expresión capitalismo inclusivo solo explicitamos algo que es consustancial a todo sistema económico, si es cierto que la economía es un medio al servicio del bienestar, del bienestar de todos sus miembros. Porque la sociedad organiza su actividad económica para que entre nosotros no reine la ley de la selva, para que todos podamos convivir en paz, de forma que cada uno tenga lo conveniente para hacer realidad sus legítimas aspiraciones.

La misma Sra. Lagarde proponía como tarea para estos momentos el “tomar medidas prácticas para transformar el capitalismo en un motor de oportunidades económicas para todos”. No basta con incluir a los excluidos, como planteaba el papa Francisco. Eso es necesario es una sociedad marcada por la exclusión como la nuestra. Pero hay que ir más allá: prevenir la exclusión garantizando oportunidades a todos.

Hoy los recursos no faltan. Vivimos, al menos una parte significativa de la humanidad, en sociedades de abundancia y de bienestar. Por esa misma razón las desigualdades son más sangrantes. Y no se pueden justificar invocando la libertad de sus miembros para elegir o las leyes del mercado libre, porque las leyes del mercado no son un absoluto: por encima están las personas. Y ello implica que la sociedad ha de organizarse para que todos tengamos un sitio digno en ella.

No hay ley económica o jurídica que pueda justificar una sociedad que deja a parte de sus miembros al margen, sin oportunidades, sin trabajo, sin acceso a la renta producida.

Son cosas sabidas… Pero tanto nos estamos acostumbrando a vivir lo contrario que no está mal recordar una vez más que estamos inmersos en una verdadera tragedia que afecta a muchos que conviven con nosotros. La fórmula de capitalismo inclusivo, que no hace sino explicitar lo obvio, podría servir para remover conciencias adormecidas en un bienestar amenazado y, por eso mismo, tan defendido que no estamos dispuestos a compartir.

Artículo publicado en ‘Agenda de la Empresa‘.

Escrito por Idelfonso Camacho S.J., presidente de la Fundación Universidad Loyola Andalucía.

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