Caminos para la acción-formación social

Recientemente hemos presentando la publicación, editada por la Universidad de las Palmas de GC., de nuestra Tesis Doctoral en la materia de Ciencias Sociales (Psicología y Sociología) con su base Antropológica-Ética, en perspectiva interdisciplinar con la Filosofía, para promover una Educación y Formación humanista, liberadora e integral.

Asimismo, en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI), donde ejerzo mi docencia e investigación, hemos realizado una sesión formativa sobre Ciencias Sociales y Doctrina Social de la Iglesia.

En ambas actividades, hemos reflexionado sobre como las Ciencias Sociales pueden fecundarse mutuamente con el Pensamiento Social Cristiano y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Tal como ha acontecido en la historia de la cultura y del pensamiento.

Aportación de la fe

Efectivamente, como se ha investigado, la aportación de la fe a la formación social, ética y política: ha sido imprescindible y básica. El cristianismo ha inspirado, en su misma entraña, a la filosofía y al pensamiento social. Y, mutuamente con su debida autonomía, el pensamiento-filosofía social y las ciencias sociales han posibilitado una actualización y profundización de la fe en la existencia, en la realidad social e histórica.

La fe proporciona una cosmovisión del ser humano, una antropología, que muestra las distintas dimensiones del ser humano: su naturaleza personal e inter-relacional, corpórea y social, económica y afectiva o sentimental, política y espiritual; su libertad y su conciencia, su memoria, razón o inteligencia y voluntad. Lo cual hace posible un análisis y explicación o compresión de la realidad social de forma integral, frente a las ideologizaciones que pervierten la comprensión de la dimensión social y humana de la persona.

De esta forma, en contra del liberalismo economicista, del capitalismo con su antropología individualista y posesiva, o corrigiendo al funcionalismo con su inmovilismo y ceguera ante el sufrimiento e injusticia, la fe cristiana promueve una antropología inter-relacional, comunitaria y social.

Una comunión solidaria con los otros y con los pobres de la tierra, con una justicia liberadora de toda dominación, desigualdad e injusticia. Igualmente, oponiéndose al comunismo colectivista o colectivismo de tipo leninista-stalinista, la antropología y ética cristiana promociona la conciencia moral y libertad del ser humano, su dimensión personal, ética y espiritual, la centralidad y protagonismo de las personas en la realidad global, la participación comunitaria y democrática.

De esta forma, en contra de estas dos ideologizaciones y sistemas imperantes de nuestra época. Como son el capitalismo y el colectivismo, que falsifican el sentido de la persona con su materialismo economicista y elitismo del poder, el pensamiento social cristiano impulsa la vida, dignidad y protagonismo de las personas, de la comunidad o sociedad civil, de los pobres y excluídos en su promoción liberadora e integral.

La DSI manifiesta la centralidad y trascendencia de la vida del ser humano, la dignidad sagrada e inviolable de las personas. El bien común, con sus condiciones sociales, que dan respuesta a las necesidades y capacidades de la humanidad. Frente a los ídolos del poder y la riqueza, del ser rico, al mercado y al estado o leyes que, erigidos en falsos dioses, sacrifican a las personas y pueblos en el altar del beneficio y de la dominación.

Asimismo, las ciencias sociales sirven de mediación imprescindible a la fe y a la teología, a su metodología, tal como se ve claramente en el pensamiento social y en la DSI. Ya que, desde el seguimiento del Dios Encarnado en Jesús y su Espíritu que nos habita, hace posible la constitutiva encarnación del Evangelio y de la fe en la realidad actual, en la historia.

Para que esta última sea vivificada, transformada y renovada según el proyecto del Reino de Dios y su justicia liberadora con los pobres de la tierra. Las ciencias sociales nos permiten conocer y comprender nuestro mundo e historia, que es donde el Espíritu se manifiesta, en los signos de los tiempos que hacen visible la salvación y liberación integral que Dios nos trae.

La civilización del amor y de la vida realizada, plena que culmina en la eternidad. En este sentido, las ciencias sociales hacen posible un análisis y discernimiento de las relaciones humanas y sociales, de las estructuras y sistemas culturales, políticos y económicos que configuran el mundo. Para una detección y valoración del bien o del mal en la historia, de aquellos sistemas y estructuras (culturales, sociopolíticas  y económicas) de pecado e injustas que impide la vida y dignidad del ser humano, que generan dominación, desigualdad e injusticia social-global.

Este ver y juzgar la realidad a la luz inseparable de la razón y de la fe, con la interdisciplinariedad de las ciencias sociales, de la filosofía y la teología sirven al actuar y compromiso ético-social de la fe que se realiza, de forma esencial, en la caridad política.

El amor civil y político que busca el bien común y la civilización del amor, la paz y la justicia liberadora con los pobres de la tierra, el desarrollo sostenible, ecológico e integral. La DSI, con su método interdisciplinar e importante empleo de las ciencias sociales, expresa así: la imprescindible mediación antropológica y ética-antropológica de la fe; la encarnación de la palabra de Dios y del Evangelio en la realidad, en la sociedad-mundo e historia para su transformación liberadora e integral.

De lo contrario, sin este conocimiento, encarnación o mediación y actualización profunda de la Palabra de Dios en la realidad socio-histórica, el Evangelio se convierte en fe muerta. La fe se pervierte en un espiritualismo e ideología que quiere mantener el poder, el orden injusto y el pecado del mundo. Lo que supone el mayor obstáculo a la misión evangelizadora de la Iglesia, debido a la falta de testimonio, coherencia y compromiso en el amor, solidaridad y justicia con los pobres, frente a toda injusticia, mal y pecado.

Por todo ello, es tan necesario educar y formar, integralmente, en toda está inherente dimensión social de lo humano y de la fe.

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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