Cambiar productos por experiencias es buena estrategia de comunicación y posicionamiento

Cambia tus productos por experiencias

Se ha escrito mucho sobre la supuesta relación entre la felicidad de una persona y su nivel económico. Según las últimas investigaciones, parece ser que, a partir de un nivel mínimo de bienestar material, lo relevante para nuestra felicidad no es tanto tener más o menos dinero, sino qué se hace con el dinero que se tiene.

Y con el dinero, básicamente podemos hacer dos cosas: una, adquirir posesiones materiales; y dos, hacer cosas, esto es, vivir experiencias. Por tanto, hacer o tener, esa es la cuestión. Dejemos de momento aparte cuestiones como la cicatería o el altruismo.

Pues bien, según buen número de indicios científicos, parece que la opción de vivir experiencias reporta muchísima más felicidad, en términos de bienestar subjetivo y psicológico, que el adquirir posesiones materiales. Las razones de ello pueden ser varias. A las experiencias nos adaptamos menos que a los productos, es decir, nos acostumbramos y cansamos antes de las cosas que de las vivencias.

Por otro lado, una buena experiencia vivida va mejorando en nuestra memoria con el tiempo; en cambio el disfrute de un bien material va menguando en términos generales. Asimismo, las experiencias tienen una relación con nuestra trayectoria vital mucho más estrecha que los productos. O por decirlo de otro modo, somos más lo que hemos vivido, que lo que hemos adquirido.

A todo ello, sumémosle que, a diferencia de los bienes materiales, las experiencias se prestan menos a la comparación social, algo tremendamente relacionado con la ansiedad por el estatus, y cuyo antagonismo con la felicidad es bien conocido.

Y por último, quizás como factor más relevante, las experiencias suelen cubrir necesidades sociales y afectivas en mayor medida que los productos. Piense que la mayoría de ellas son consumidas o vividas en compañía, ya sea la familia, los amigos, pareja, hijos, etc. Tal vez por ello sean más perdurables en la memoria, por otro lado, lo cual hace que puedan ser contadas y revividas una y otra vez. Por cierto, algo importante también esto del relatar para nuestro bienestar.

Convertir los productos en experiencias

Por tanto, si las experiencias son más “felicitógenas” que los productos, démosle a nuestros clientes experiencias. O por lo menos, tratemos de reconvertir en ellas nuestros productos. Y para ello no tenemos por qué cambiar nuestras plantas de producción. Todos recordamos aquella poética mano de Segarra por la ventanilla del BMW, ¿verdad?

A fin de cuentas, muchas veces la frontera entre una cosa y otra, entre producto o bien material y experiencia o bien vivencial, es cuestión de una buena estrategia comunicativa y de posicionamiento. Tanto si llevas tiempo en el mercado, como si te estás planteando emprender, conviene tener todo ello en cuenta, porque es bastante probable que así además logres hacer más fieles a tus clientes. Y por supuesto más felices, que en el fondo es lo que importa.

Autor

José Antonio Muñiz Velázquez

Recuerdo la primera vez que mis padres me llevaron al cine de verano. Expectación, nervios, deseo, miedo… Jamás olvidaré la mezcla de emociones que sentí al llegar, expectante ante aquella enorme pared blanca. Hoy, sea para una clase, proyecto o campaña, al ponerme ante un folio en blanco sigo sintiendo lo mismo. Y que no falte. Profesor del Departamento de Comunicación y Educación en la Universidad Loyola Andalucía. jamuniz@uloyola.es @jamunizve

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Calendario de Eventos

« Jul 2017 » loading...
Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31