¿Bajar salarios para ganar competitividad?

Los últimos datos de exportaciones de mercancías publicados por el Ministerio de Economía hace dos semanas muestran una cifra récord en las ventas externas durante el pasado mes de marzo: más de 23.000 millones de euros. Este dato ha sido recibido con euforia desde instancias oficiales ya que parece representar un éxito de la estrategia de reducción de costes laborales como vía para mejorar la competitividad externa de nuestra economía. No obstante, si los datos se analizan en mayor profundidad, las limitaciones de dicha estrategia se hacen también evidentes.

Las distintas reformas laborales aprobadas durante los últimos años en respuesta a la crisis han provocado que los costes laborales unitarios de la economía española (un indicador que mide la relación entre la compensación que reciben los trabajadores y su productividad)se hayan reducido más de un 6% entre 2009 y 2014. Esto, junto con otros factores, como la reciente depreciación del euro, ha ayudado a que las exportaciones anuales se incrementasen más de un 50% durante esos añosSin embargo, ese incremento no ha sido suficiente ni para acabar con el déficit comercial (la diferencia entre las compras y las ventas externas de bienes) de nuestra economía, ni para aumentar la proporción que las exportaciones españolas suponen sobre el total de exportaciones mundiales. El déficit ha vuelto a ampliarse en cuanto nuestra economía ha registrado los primeros, aunque débiles, signos de recuperación; y la cuota exportadora se encuentra en niveles más bajos aún que al inicio de la crisis.

Bajos costes laborales

¿Dónde se encuentra el problema? Pues principalmente en que la apuesta por los bajos costes laborales como medio de ganar competitividad ha incentivado el mantenimiento de una especialización comercial en ramas industriales de medio-bajo valor añadido. Exportamos más cantidad de productos, pero con un valor igual o menor por lo que al final resulta imposible compensar la creciente factura de las importaciones. De hecho, ni siquiera la reciente caída de los precios del petróleo ha sido suficiente para acabar de cerrar la brecha entre compras y ventas externas. La solución al déficit exterior pasaría, entre otras cuestiones, por poner en marcha un profundo cambio de nuestro modelo productivo, orientándolo hacia ramas de mayor valor añadidoSin embargo, a pesar de la retórica habitual, el análisis de las estrategias de inversión, tanto pública, como privada, que siguen dejando de lado tanto la formación de los trabajadores, como la tan manida I+D, muestra queel esfuerzo real en ese sentido es prácticamente inexistente.

Mientras tanto, la contracción de los salarios está teniendo varias consecuencias negativas. Por un lado, dado que ha fomentado el estancamiento de nuestro modelo de crecimiento, la estrategia de devaluación salarial está limitando las mejoras de productividad de nuestra economía. Por otro lado, al ser la principal fuente de ingresos de la mayoría de los hogares españoles, la pérdida de capacidad adquisitiva de los salarios ha provocado el debilitamiento de la demanda interna, retrasando así la salida de la crisis. Por último, buena parte del profundo empeoramiento de la desigualdad de la renta y el empeoramiento de las condiciones de vida que se ha producido durante los últimos añosse debe también a la reducción de los ingresos laborales, una cuestión en la que profundizaremos en futuros posts.

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