Aspectos psicológicos en el abordaje de la crisis del ébola: Segunda Parte

Manuel Moyano Pacheco

 Si desea leer la primera publicación al respecto de los aspectos psicológicos en el abordaje de la crisis del ébola, pinche aquí.

Cuarto. Pensamiento divergente para anticiparnos

Desde un enfoque estratégico y en ciertos foros, debiéramos “prepararnos para lo peor”, elaborando y poniendo a prueba hipótesis imposibles. Esta idea enfatiza la importancia de anticiparse a los acontecimientos que pueden constituirse en amenazas reales; lo que implica simular situaciones imaginarias, inverosímiles o extremas, en las que la suerte de los acontecimientos pudiera ser tan inesperada que sorprendiera a las autoridades políticas decisoras, y por extensión, a los ciudadanos.

Aunque es difícil estimar y predecir todos los futuribles posibles asociados a la crisis del ébola, actuaciones destinadas a la anticipación y que desafíen nuestra necesidad de cierre cognitivo (variable psicológica modulada de forma potente por factores ambientales como la presión temporal, la percepción de amenaza, la fatiga o las demandas extremas), pueden ser positivas. Habría que apostar por trabajar en el desarrollo de protocolos, la coordinación interinstitucional, el alcance de acuerdos internacionales, la ejecución de simulacros y los abordajes preventivos innovadores. Una vez que los problemas aparecen, el tiempo será un factor que juegue en contra.

Quinto. Formación técnica (y psicológica) para los profesionales

Uno de los retos prioritarios para contrarrestar el ébola es mejorar la formación (que no la simple información) destinada a los profesionales. Con respecto a la formación técnica, desde la Psicología se han propuesto numerosas técnicas de utilidad para optimizar la adquisición de las competencias necesarias para atender a los enfermos, tales como la instrucción, el modelado, el ensayo, la retroalimentación, el refuerzo y la generalización. No se trata simplemente de aprender “cómo ponerse y quitarse un traje” o el manejo conductual y ambiental básico para minimizar el riesgo de contagio (que por otra parte está vinculado a vectores psicosociales y a la transmisión persona a persona), sino que es fundamental recrear situaciones reales que pueden surgir en la habitación del paciente (éste último, en ocasiones, potencialmente agitado) o en contextos eventuales de intervención (aeropuertos, fronteras).

El entrenamiento en escenarios contextualizados facilitará la transferencia y generalización del conocimiento de la virtualidad a la realidad. Además, teniendo en cuenta los niveles de estrés a los que pueden verse sometidos los profesionales implicados, es también decisiva la formación psicológica para su afrontamiento (apoyo social, resolución de problemas, reestructuración cognitiva, expresión de emociones, respiración profunda o relajación, por citar algunas técnicas).

Sexto. Asistencia psicológica a profesionales y víctimas

La crítica constructiva siempre es necesaria. Pero culpabilizar, generalmente de forma injusta, a profesionales comprometidos que ofrecen lo mejor de sí mismos no es una buena opción. A los profesionales hay que valorarlos y visibilizar el servicio público que prestan. Merecen nuestro reconocimiento y respeto, mucho más teniendo en cuenta que podrían estar poniendo en riesgo real su propia salud. Como hemos expuesto, es más que previsible que aquellos profesionales sanitarios directamente implicados en la atención a enfermos de ébola se vean sometidos a un elevado nivel de estrés que repercuta en su estado físico y emocional. Por ello, sería positivo poner a su disposición unidades de asistencia psicológica temprana por parte de profesionales especializados, principalmente para ofrecer apoyo tras incidentes o situaciones difíciles.

Además, habría que capacitar al personal sanitario para prestar primeros auxilios psicológicos a compañeros que lo necesiten en contextos críticos de intervención. Con respecto a las víctimas también será imprescindible el apoyo psicológico para optimizar su salud mental y su ajuste, debido, entre otras cosas, al debilitamiento físico extremo (intrínseco a la enfermedad) que van a sufrir, al previsible aislamiento al que van a ser sometidos (para evitar la propagación) y al estigma al que pueden verse expuestos posteriormente (en el caso de que superen la infección vírica). Abordar de forma temprana los moderadores y moduladores del estrés en profesionales y víctimas será un objetivo ineludible de intervención a corto, medio y largo plazo; y favorecerá que no aparezcan, o que aparezcan en menor grado, otros trastornos más graves como el estrés  postraumático.

Séptimo. Hacia una sociedad resiliente

Es preciso atender no sólo las amenazas y debilidades del sistema, sino también sus fortalezas y oportunidades. Quizás, la dificultad para asumir ciertos costes de respuesta y una elevada intolerancia a la incertidumbre podrían considerarse dos puntos débiles de nuestra sociedad.  Sin embargo, si nos mantenemos unidos, la sinergia que se puede generar está fuera de toda duda. Ya lo hemos demostrado en otras ocasiones. Y nuevos  acontecimientos van a seguir poniendo a prueba nuestra capacidad de resistencia. Por ese motivo, hay que seguir incidiendo en la necesidad de robustecer los recursos de afrontamiento de las instituciones y la sociedad civil, con el fin de reforzar las respuestas psicosociales positivas (liderazgo positivo, respeto, cohesión, valores democráticos, solidaridad, cooperación) e inhibir las respuestas psicosociales negativas (amenaza, prejuicio, discriminación, culpa, miedo, desconfianza).

Teniendo en cuenta el potencial de movilización que una crisis sanitaria de este tipo podría llegar a tener, habría que hacer partícipes a los profesionales e instituciones sanitarias, pero también contar con la complicidad de los medios de comunicación social y la colaboración proactiva de toda la sociedad: Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Fuerzas Armadas, dispositivos de intervención social, sistema educativo, tejido empresarial, asociaciones y organizaciones sin ánimo de lucro. Todos somos necesarios. En la unión nos haremos fuertes.

Autor

Loyola And News

Servicio de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Universidad Loyola Andalucía

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