Ignacio Ellacuría/Periodista Digital

Antropología y Filosofía Política desde Ellacuría

Estamos conmemorando el 26 aniversario del asesinato de I. Ellacuría y el resto de sus compañeros jesuitas mártires de la UCA, en el Salvador. En  este marco, la Catedra Latinoamericana I.

Ellacuría, junto al Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía, ha organizado su XVI Congreso Internacional. Llevará por título “Iglesia, Política y Sociedad” y se celebrará los días 25, 26 y 27 de Noviembre en el Campus de Sevilla de la citada Universidad. En el cual, intervendrá diversos especialistas en la figura y el pensamiento de I. Ellacuría.

Un interesante e importante evento que, creemos, mostrará que su filosofía y pensamiento es más necesario e imprescindible que nunca. Más en una realidad con tanta desigualdad, injusticia y violencia como la que estamos viviendo. Por solo dar un dato estremecedor que marca a nuestro mundo global, injusto y violento, según los estudios sociales e informes actuales, el 1% de la población en el mundo tiene hoy más que el 99% restante.

Lo que genera que buena parte de la humanidad siga sufriendo y muriendo por el hambre, la miseria y el empobrecimiento, caldo de cultivo de la desesperación y violencia en este mundo deshumanizado e insolidario. Frente a ello, el pensamiento filosófico, ético-político y social de Ellacuría nos mostró toda una antropología y cultura de la solidaridad, de la justicia liberadora con los pobres de la tierra.

Como se ha estudiado, el pensamiento más maduro y último de Ellacuría se centró en esta propuesta y alternativa solidaria, en la promoción de la vida y la justicia con los pobres. Lo que él denominó “la civilización de trabajo y de la pobreza, frente a la del capital y de la riqueza”. En el plano social y económico-político, planteaba que el auténtico desarrollo humano e integral no puede estar basado en el capital como ídolo.

Todo auténtico progreso y desarrollo se mide por la satisfacción de las necesidades básicas de las personas, por la dignidad del trabajo y de los pobres, en potenciar las posibilidades y capacidades de los seres humanos. Y unido inseparablemente a lo anterior, Ellacuría promovió una antropología de la pobreza, solidaria y liberadora con los pobres de la tierra, en la felicidad del compartir la vida, los bienes y las luchas sociales por la justicia con los pobres; contra el dios falso de la riqueza, del ser rico.

Así que la filosofía política de Ellacuría en la promoción del desarrollo humano, social e integral, de la justicia y de los derechos humanos, se inter-relaciona y cimenta en esta antropología solidaria, comunitaria y social, religada a la realidad histórica, co-vertida a los otros y al Otro, a la humanidad, a los pobres y a Dios. Es una bio-política enraízada en una antropología y ética de la vida frente a los ídolos de muerte, de destrucción e injusticia con los pobres y con el planeta. Y es que todo lo que no sea universalizable, todo lo que no impulse la vida y la dignidad, la solidaridad universal, la justicia social-global con los pobres de la tierra y la ambiental con el planeta: no es humano ni humanizador, no es moral ni espiritual.

De ahí que la actual civilización dominante del capital y de la riqueza, como nos mostraba Ellacuría, el capitalismo es intrínsecamente perverso ya que no es universalizable ni a nivel social ni ecológico. El capitalismo no incluye a toda la humanidad de forma solidaria y justa. Y promueve una cultura del tener y del poseer sobre el ser solidario y ecológico, que con sus ídolos del beneficio, del productivismo y del consumismo es insostenible para la vida del planeta.

La civilización del capital y de la riqueza no respeta los derechos humanos ni defiende el bien común sino que, en la realidad histórica, lo que causa es la violencia estructural, la negación de la dignidad y de la vida, la muerte de los pobres, el mal común.

Si el comunismo colectivista o colectivismo es totalitario por su antropología sesgada que no tiene en cuenta a la persona concreta y su libertad, el capitalismo con su antropología liberal-individualista, posesiva e insolidaria niega la justicia y la liberación integral con los pobres de la tierra.

Tal como analizó muy bien Ellacuría, frente a estas dos ideologizaciones anti-humanistas del capitalismo y del colectivismo, hay que articular adecuadamente la libertad y la justicia, el protagonismo de los pueblos y de los pobres. Para que la libertad no se pervierta en un individualismo egolátrico, que niega la solidaridad y el bien común tal como impone el capitalismo, hay que co-relacionarla inseparablemente con la justicia que a su vez, para que no se degenere, tiene que respetar la libertad personal y la participación (co-gestión) democrática.

Así, Ellacuría nos mostró una antropología e inteligencia real, socio-histórica e integral que abarca la realidad global: lo cognitivo, el hacerse cargo de la realidad en sus mediaciones sociales e históricas; lo ético-afectivo, el cargar con la realidad, la compasión y el principio miseri-cordia (la razón cordial  e inteligencia del amor) ante el sufrimiento e injusticia que padecen los otros, los pobres de la tierra; y lo práctico, el encargarse de la realidad, la praxis de la justicia con los pueblos crucificados por la opresión e injusticia. Es una antropología que, como nos muestra la espiritualidad ignaciana, se abre y re-liga con lo trascendente e integra la contemplación en la acción por la justicia y liberación integral con los pobres.

Una antropología espiritual que contempla la realidad en su globalidad y diversidad, con sus alegrías y males, con su solidaridad y sufrimientos, con sus injusticias y esperanzas. En donde esta inteligencia vital e histórica discierne los permanentes signos de los tiempos, esto es, los pueblos crucificados por la injusticia y el mal común, por lo ídolos de la riqueza y del poder. Y trata de bajar a esos pueblos de la cruz de esta opresión e injusticia.

La antropología y espiritualidad ellacuriana, pues, nos remite al Dios de la vida, de los pobres y de la esperanza que, en la encarnación de Jesús de Nazaret Crucificado-Resucitado y su Espíritu, nos anima y mueve a revertir la historia con los pobres de la tierra. Y lanzarla en la dirección de la civilización del amor, de la paz y de la justicia que, frente a la del capital y de la violencia, nos dinamiza hacia la trascendencia de la realidad histórica, de la vida plena y eterna, donde culmina el Reino de Dios, la felicidad consumada.

 

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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