K. Rahner está considerado el autor católico más importante de nuestra época

Antropología y filosofía en la espiritualidad desde Rahner

Mucho se ha estudiado y escrito acerca del jesuita K. Rahner, filósofo y teólogo alemán, considerado el autor católico más importante de nuestra época, que nos ha dejado un legado muy significativo para el pensamiento y las humanidades en general. Como se ha estudiado y él mismo afirmaba, el corazón del pensamiento de Rahner está en la espiritualidad, en particular en la mística ignaciana.

Es memorable aquella enseñanza que transmitía: “el cristiano del siglo XXI o será un místico o no será nada. El hombre espiritual del futuro o será un «místico», es decir una persona que ha «experimentado» algo, o no lo será más. Porque la espiritualidad del futuro no será transmitida ya más a través de una convicción unánime, evidente y pública, o a través de un ambiente religioso generalizado, si esto no presupone una experiencia y un compromiso personal”.

Ciertamente, en la entraña de la vida humana y de fe se encuentra la experiencia espiritual que se abre a la trascendencia en el mundo e historia, la existencia mística de encuentro y comunión con los otros, con el Otro-Dios en la vida y lo real. Desde la experiencia de la fe, Rahner dialogó y acogió lo más valioso del pensamiento, de la filosofía tanto clásica, por ejemplo Santo Tomás de Aquino, como moderna y contemporánea con autores diversos como Kant o Heidegger.

En la línea del personalismo, quiso articular lo clásico con lo moderno, lo natural u objetivo con lo personal o subjetivo, lo inmanente con lo trascendente, la fe y la razón en diálogo con la cultura. La co-relación entre la gracia y la naturaleza, la espiritualidad y el mundo, la trascendencia e historia.

Rahner: tradición y novedad

Como el genio que fue, Rahner se comprende como un pensador de síntesis entre la tradición, lo perenne y la búsqueda de la profundidad, la novedad en el desarrollo humano e histórico. Acogió el giro antropológico de la modernidad y lo articuló con la teología católica en su más viva tradición, como son los Padres de la Iglesia o Santo Tomás de Aquino.

Rahner nos mostró así una antropología trascendental e integral, de carácter personalista, que integra el ser espiritual que es la persona en la vida real. El ser humano es espíritu en el mundo, que está abierto a la trascendencia y escucha de la Palabra. Con una epistemología que comprende el conocimiento situado en el mundo e historia desde el horizonte del Ser.

El Ser es el a priori en este conocer de forma metafísica y trascendente la realidad, la clave de compresión de las cosas, de los entes y el mundo. El ser humano está constituido, con su “potencia obediencial”, por esta apertura al mundo en su trascendencia, se abre al Ser. El ser humano está abierto a la Gracia y Revelación de Dios, es oyente de su Palabra que se revela en el mundo, en lo más profundo de la persona desde este Don (Gracia) de Amor.

La Revelación y la Gracia-Don de Dios no es algo extraño ni impuesto desde fuera sino que, desde la misma creación realizada por Dios, está penetrando todo el ámbito de la realidad y existencia del ser humano. Es el “existencial sobrenatural”. La gracia supone y asume la naturaleza humana que anhela (está llamada a) esta existencia trascendente-espiritual. La gracia habita en lo más hondo de la realidad y existencia del ser humano, y la historia del mundo queda inter-penetrada por la historia de la salvación.

En diálogo crítico con la ciencia (en sintonía con el también jesuita T. de Chardin), con el progreso e ideologías, la gracia y la salvación van anticipando el futuro en el dinamismo del desarrollo humano e integral, en la comunión del amor, en la justicia y emancipaciones verdaderas que tampoco se pueden absolutizar. Y que siempre están llamadas a la trascendencia y culminación en ese futuro absoluto que es Dios con su salvación consumada, definitiva que vence a todo mal, muerte e injusticia.

Antropología transcendental del espíritu

Como se observa, Rahner siempre comprendió la teología y el pensamiento desde esta experiencia espiritual, desde esta vida y praxis de servicio de la fe, del amor y la justicia que se va realizando en el mundo e historia. Como profundizó uno de sus discípulos, J. B. Metz, la antropología y el pensamiento rahneriano queda abierto a la dimensión social y pública de la fe, a la teología política, que es fermento transformador de la realidad e historia, para que se vaya realizando ya el Reino de Dios y su justicia.

Con esta antropología trascendental del espíritu (humano) en el mundo, en la inter-relación inseparable de la naturaleza y la gracia, de la historia de la salvación y de la humanidad, del amor de Dios y el amor al prójimo. Una espiritualidad que, como la ignaciana, expresa una mística de la vida cotidiana, lleva la alegría de la fe al mundo e historia.

La Revelación y Palabra de Dios manifiesta todo su dinamismo fecundo en la realidad histórica, en la trascendencia de la historia que siempre está abierta, que no es agotada ni clausurada por nada ni nadie; frente a cualquier cosa, todo ídolo e idolatría que quiera ponerse en lugar de Dios.

Más, la iglesia es el proto-sacramento, que hace presente a “Cristo, presencia real en la historia del triunfo escatológico de la misericordia de Dios”. Cristo es el “Gran Sacramento y la Proto-Palabra de Dios, signo y realidad de la gracia redentora de Dios. En Cristo, Dios se hace presente y solidario a la humanidad”.

La iglesia expresa su realidad sacramental, en Cristo, mediante la celebración litúrgica con los sacramentos, que visibilizan y realizan la gracia con su salvación en la comunidad eclesial, en el mundo e historia. Dios-Comunión de Amor, “la Trinidad  económica es la Trinidad inmanente y viceversa”. Esto es, la realización del plan de Dios sobre el mundo e historia, la “economía” de la salvación, en cuanto manifestación propia del ser de Dios en sí mismo (= “inmanente”). Este proyecto de Dios manifiesta la realización de la salvación de la humanidad, que es el mismo Dios Salvador con su Gracia liberadora.

Teología y pensamiento católico

Como se observa, Rahner pone las bases para la teología y el pensamiento católico contemporáneo en diferentes vertientes como la teología de la historia y de las realidades humanas como es el trabajo, la teología política y la latinoamericana liberadora. Tal como fue expresado asimismo en el Concilio Vaticano II, por ejemplo en su relevante Constitución Pastoral “Gaudium et spes, en el que Rahner participó como perito conciliar junto a otros teólogos tan significativos como Chenu, Congar y su mismo compatriota J. Ratzinger.

Rahner se abre así a las diversas teologías de otros horizontes y contextos, como la ya señalada teología latinoamericana que él reconoció, con todo lo bueno que había aportado, junto a sus autores más significativos como G. Gutiérrez o el también jesuita I. Ellacuría que fue su alumno en Innsbruck. Ellacuría igualmente desarrolló e historizó convenientemente todas las potencialidades liberadoras del pensamiento rahneriano, junto a su otro maestro en filosofía como es Zubiri.

Se vislumbra así una teología y pensamiento social, inter-cultural e interdisciplinar que tiene en cuenta las ciencias como las humana o sociales, los “signos de los tiempos”, los acontecimientos y diversas realidades históricas, culturas y pueblos. Ese lugar social, cultural e histórico donde se encarna la fe e iglesia con su reflexión teológica, en donde asume el mal y pecado estructural del mundo. Es decir, las “estructuras (sociales) de pecado” que se dan en estas realidades históricas de pecado, de desigualdad y pueblos crucificados por el mal e  injusticia. Y que valora a esta iglesia “martirial”, a los testigos de la fe y de la justicia con los pobres de la tierra. Como es Mons.

Romero del que ya Rahner indicaba, en 1.983, “¿por qué no habría de ser mártir un monseñor Romero, por ejemplo, caído en la lucha por la justicia en la sociedad, en una lucha que él hizo desde sus más profundas convicciones cristianas?…

En nuestra defensa de una cierta ampliación del concepto tradicional de mártir, podemos apoyarnos también en Tomás de Aquino. Santo Tomás afirma que, si su muerte tiene una relación clara con la de Cristo, es mártir quien muere defendiendo la sociedad (res publica) contra los ataques de sus enemigos que intentan corromper la fe cristiana (In IV Sent. dist. 49, q. 5, a. 3, qc. 2 ad 11). La corrupción de la fe de Cristo a que se opone ese defensor de la sociedad puede referirse también a una dimensión concreta de la convicción cristiana

Así, pues, en su Comentario a las Sentencias, santo Tomás defiende un concepto más amplio de martirio, tal como lo proponemos aquí. Una «teología política» legitima y una teología de la liberación deberían adherirse a esta ampliación del concepto de mártir. Tal ampliación tiene una importancia práctica muy concreta para un cristianismo y una Iglesia que quieren ser conscientes de su responsabilidad con respecto a la justicia y la paz en el mundo”

Autor

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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