Angustia, desesperación y asfixia…

… en el (buen) drama televisivo británico

Lo que podría considerarse una nueva ola de drama televisivo ‘made in UK’ (producido por los diferentes canales de la BBC, además de ITV, Channel 4 y Sky) se caracteriza principalmente por un exquisito cuidado en el diseño de las historias, una aproximación realista a sus personajes y tramas, una calidad cinematográfica digna de la etiqueta ‘Quality TV’ y, quizás lo más inquietante, una oscuridad asfixiante en la mayoría de sus historias.

Efectivamente, si hay algo que caracteriza a la ficción televisiva británica de corte dramático de los últimos años es su habilidad para provocar en el espectador una sensación de angustia, malestar y desesperación constante. Con una reinvención (y sintetización) de la narrativa serial, ahora en torno a los tres o seis capítulos por temporada, los dramas británicos consiguen sumergir al espectador en historias sin apenas un ápice de alegría. En las siguientes líneas señalaré algunas de las claves y características más importantes que definen esta tendencia dramática oscura en la serialidad televisiva británica.

Claves del drama televisivo británico

En primer lugar, estas series se caracterizan por un acertado uso de la figura del antihéroe que permite explorar diferentes ángulos del personaje y, con ello, dotar a la historia de una mayor profundidad y realismo. Los antihéroes británicos son tan humanos como el propio espectador. Son personas que buscan su lugar en el mundo y que deciden superar su soledad, como vemos, por ejemplo, en ‘Doll & Em’.

En algunos casos, son personajes que se encuentran traumatizados por su pasado, el cuál se convierte en una carga de increíble peso para el personaje. Este pasado ayuda a definir a estos antihéroes británicos que, con sus cicatrices, se mueven en la ambigüedad de lo que debe considerarse comportamiento moralmente correcto, como exploran ‘Luther o ‘Line of Duty en el género policíaco.

Otro ejemplo de esto es el retrato de los adolescentes en ‘Skins de Bryan Elsley, que tuvo su ‘secuela temática’ con ‘Dates’, donde nos encontramos, esta vez, a un grupo de personajes adultos que buscan constantemente su lugar en el mundo a través de los encuentros sentimentales que les facilita una página web de citas. Posiblemente, ‘Dates’ sea uno de los carruseles más existencialistas y pesadumbrosos del drama británico de los últimos años. Sus personajes no son la pareja ideal, ni el marido o esposa perfectos y se encuentran completamente perdidos en el Londres que vemos en el opening de la serie, donde, en apenas veinte segundos, tecnología y bullicio definen un espacio asfixiante, consternador y antiromántico para estas relaciones.

En otros casos, el antihéroe cruza sin ningún pudor la línea hacia la villanía, como podemos ver en ‘Inside Men’, donde asistimos al proceso de transformación del protagonista, o ‘The fall’, también un escalofriante ejemplo de personificación del monstruo que se focaliza en un momento posterior a la transformación. Quizás estas dos últimas, surgen como reflejo de la nueva ola de productos televisivos protagonizados por villanos como ‘Breaking Bad, ‘Dexter o la espléndida ‘Romanzo Criminale’.

Estos antihéroes, por lo general, adoptan una actitud solitaria, aislándose de la amistad, de la que precavidamente deciden tomar sus distancias. Estos personajes nacen en familias desestructuradas y con problemas económicos y sociales. El caso más emblemático es el de Paul Abbott y ‘Shameless (que cuenta incluso con un remake norteamericano en Showtime), heredera quizás de ese realismo británico que ya inició Ken Loach.

En ‘Exile’, Abbott explora también los problemas familiares a través de la inquietante historia de un hijo y su padre con alzheimer y en ‘Hit and miss, la desestructuración familiar es el resultado de una hibridación de géneros entre acción y drama, con un transexual de protagonista que, tras cambiar de sexo y convertirse en asesino a sueldo, debe afrontar su recién descubierta paternidad. Además de Abbott, este tipo de representación familiar también se encuentra patente en otras series como ‘The syndicate’, ‘UtopiaoIn the flesh’, cuya vuelta de tuerca es especialmente interesante: un zombi busca de nuevo su lugar en la devastada familia que dejó tras su muerte, haciendo frente, además, a un oculto romance homosexual.

Por otro lado, el espacio se encuentra especialmente mimado en estos productos y es esencial para definir a sus habitantes. Tanto la ciudad como el pueblo o los espacios naturales conforman un decorado de angustia de calles, bares y pubs por el que deambulan los protagonistas, tal y como vemos en ‘Happy Valley’, ‘Southcliffe’ oThe fear, donde se pincela un Brighton oscuro y dominado por grupos mafiosos. Como ejemplo exagerado de la angustia que transmiten estos espacios, en ‘The Deep los personajes se encuentran ‘ahogados’ a miles de metros bajo el mar, desarrollando la trama en un submarino.

La fotografía contribuye a convertir estos paisajes en auténticas obras realistas pero, al mismo tiempo, barrocas y tenebristas, con más sombras que luces. El pueblo de ‘Broadchurch’ es un buen ejemplo de ello. Nunca un pueblo costero había sido tan terrorífico precisamente por su sencillez y tranquilidad (aparente).

Dramas como ‘The shadow line’ oRun’ destacan por una elección de colores esencialmente fríos y con ambientes nocturnos. Las calles o los bares se convierten en el objeto de una cuidada elección fotográfica que logra transmitir la soledad, desesperación y ansiedad que viven los personajes que los habitan.

La casa deshabitada se conforma además como uno de los recursos más utilizados, ya sea en series que se enmarcan más en el género de terror (‘Marchlands) como en otras más próximas al thriller (‘What remains) o la ciencia ficción (el espectacular episodio ‘Be Right Back’ de la segunda temporada de ‘Black Mirror’). Algunas series muestran esto de una forma más esperpéntica, como es el caso de Utopía, que satura colores y exagera la puesta en escena, fundiéndose en ocasiones con la estética del cómic o el videoclip.

Teniendo en cuenta todas estas sombras y colores (matizando, en ocasiones, productos casi perfectos) en las series británica de los últimos años, no es de extrañar que el Reino Unido se haya convertido en uno de los principales exportadores de productos televisivos después de los EEUU. Como recoge un post de la propia cadena televisiva BBC, ‘British dramas goes global.

Autor

Javier Lozano

Docente e investigador en Comunicación. Profesor de las asignaturas de Documentación Informativa, Tecnología de la Comunicación y Pensamiento Creativo. Freak y apasionado de las tecnologías digitales. Además, en mi tiempo libre, consumo compulsivamente TV, cine y literatura, y publico vídeos de mi gato en Vine. Puedes encontrarme en twitter como @lozanojavi

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