Psicología y ética social desde la Amoris laetitia del Papa Francisco

Por el 30 abril 2016
amoris laettitia del Papa Francisco
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El Papa Francisco ha escrito recientemente la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia (AL), la Alegría del Amor, sobre el Amor en la Familia. Lo cual, está teniendo un  gran eco e impacto en la vida pública y de la iglesia.

En este artículo, nos vamos a centrar en la inter-relación esencial e inseparable de la psicología, la vida afectiva y emocional-sentimental, con la ética o moral, en especial su carácter social. A partir, singularmente, del capítulo quinto y sexto de dicho documento (AL 142-198), creemos que el Papa nos presenta unas claves o criterios que son muy importantes para la vida familiar y social.

En diálogo y sintonía con lo más valioso de la filosofía, como es la ética o la antropología, y de las ciencias sociales o humanas, por ejemplo la psicología o la sociología.

La inteligencia

La vida humana y ética que nos constituye como personas, con los valores e ideales que dan sentido a la existencia del ser humano, se fecundan con la vida afectiva. Con las emociones y sentimientos que nos mueven (cf. AL 143-146). La inteligencia ética o moral se entrelaza con la inteligencia emocional y sentimental. Los pensamientos y valores inter-accionan con los sentimientos. La razón moral confluye con la emoción y la vida afectiva.

En la línea de X. Zubiri, es la inteligencia sentiente donde el pensar o razonar se co-relacionan con el sentir: pensando sentientemente y sintiendo inteligentemente. Con un amor inteligente y una inteligencia del amor. En la búsqueda de una caridad en la verdad y la misma verdad en la caridad, tal como nos enseña Benedicto XVI.

Una inteligencia que se quede únicamente en lo estrictamente racional, en lo conceptual o técnico, se vuelve fría y despiadada, fría y calculadora, utilitarista y mercantilista. Se convierte en la razón instrumental, que impone la dominación u opresión de todo y de todos. La inteligencia tiene que ser guiada por la ética empática y compasiva; por la  razón cordial o misericordia, por la compasión ante el sufrimiento e injusticia del otro, de las víctimas y de los pobres.

Con un sentido o anhelo de justicia, de plenitud y liberación integral con las víctimas de la historia, con los pobres la tierra. En la estela de la teoría y filosofía crítica, como es la escuela de Frankfurt, la teología política de J. B. Metz o el pensamiento latinoamericano, por ejemplo, de los jesuitas I. Ellacuría o J. C. Scannone.

Y un amor que no sea inteligente, que no busque la verdad real, que no se encarna e historiza en la realidad humana y social, en la realidad histórica: no es efectivo ni transformador. El amor debe emplear las expresiones o mediaciones de la razón e inteligencia como son la filosofía o las ciencias humanas y sociales. De lo contrario, puede ser un amor no real ni liberador. Caer en el paternalismo y asistencialismo, siendo cómplice del mal e injusticia, en las patologías como los fundamentalismos e integrismos diversos.

En este sentido, el ser humano no se mueve tan solo por razones o pensamientos y valores. Sino, en la estela de Pascal, por las razones que entiende el corazón. Es la razón y justicia cordial, como nos muestra A. Cortina, la “razón cálida” (C. Díaz), la inteligencia sentimental y espiritual como nos enseñan J. A. Marina o F. Torralba. La razón se conjuga con el eros y el ágape (cf. AL 150-152), con el amor que recibe y que da, que acoge y se dona o entrega.

Bien común

Lo que nos lleva al servicio y al compromiso moral por el bien común, por la paz y por la justicia con los pobres. De esta forma el eros, la pulsión afectiva y amorosa se canaliza por la moral, por la cultura que nos humaniza y libera del placer egolátrico, del ansia de poder o dominación. Tal como nos muestra lo más valioso de Freud, que entendió bien como lo que nos madura como personas: es el amor, las relaciones afectivas con los otros; y el trabajo, la acción creadora, transformadora en la sociedad y el mundo. Actualizando y profundizando al padre de esta psicología profunda o del psicoanálisis.

Ya que como insiste A. Ávila, en la línea de lo más valioso de la psicología- como puede ser la materia de la psicología de la religión o evolutiva con Piaget-, se trata de ir alcanzando la madurez humana, moral y espiritual. Un desarrollo y proceso de maduración  en la autonomía y verdadera libertad, que se realiza en los valores o deberes e ideales morales.

Como son el bien común, más universal, la paz cosmopolita y la justicia internacional, en las huellas de Kant, Tal como hacen algunos de estos autores, incluido el propio Habermas aun con su ética comunicativa. Pero que, como recuerda C. Gilligan, este deber moral o justicia, asociado a los valores masculinos, no puede olvidarse de la compasión o de la ética del cuidado, del lado femenino de la existencia. En la línea de P. Ricoeur, que sigue a toda la tradición bíblica y cristiana, el amor y la justicia son inseparables. La razón cordial o el principio misericordia, necesariamente, se une al compromiso por la promoción y liberación integral con los pobres. Tal como nos muestra el jesuita J. Sobrino.

La fuerza del amor

Desde lo anterior, vemos que la Amoris Laetitia del Papa Francisco nos enseña la cosmovisión antropológica y cristiana del matrimonio-familia. Como “reflejo de la unión entre Cristo y su Iglesia, se realiza plenamente en la unión entre un varón y una mujer, que se donan recíprocamente en un amor exclusivo y en libre fidelidad, se pertenecen hasta la muerte y se abren a la comunicación de la vida, consagrados por el sacramento que les confiere la gracia para constituirse en iglesia doméstica y en fermento de vida nueva para la sociedad” (AL 291).

Más, frente a la familia burguesa e individualista, es un matrimonio y familia que experimenta “la fuerza del amor, sabe que ese amor está llamado a sanar las heridas de los abandonados, a instaurar la cultura del encuentro, a luchar por la justicia”.

Con una opción de solidaridad liberadora con los más pobres u oprimidos donde se encuentra presente, como sacramento, Jesús Pobre y Crucificado (cf. AL 183). Se nos manifiesta así todo el esplendor y la belleza del amor real. Con unas personas, matrimonios y familias que van adquiriendo la madurez, el sentido y la felicidad: en el amor, servicio y compromiso, en la militancia por la civilización del amor y la justicia liberadora con los pobres de la tierra; frente todo mal, opresión e injusticia.

Agustín Ortega

Agustín Ortega

Según el autor, este espacio recoge claves de acción-formación social y ética, para colaborar con la espiritualidad y misión ignaciana. Profesor en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador Sede Ibarra (PUCE-SI) e Investigador externo del Departamento de Humanidades y Filosofía de la Universidad Loyola Andalucía. Estudió Trabajo Social, es Doctor en Ciencias Sociales y Experto Universitario en Moral, Doctor en Humanidades y Teología.

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