Agresiones sexuales

Las agresiones sexuales son actos de extremada violencia que conllevan graves secuelas emocionales tanto en la persona como en su entorno social. Una de las consecuencias psicológicas más severas que sufren gran parte de las mujeres que han sido víctimas de una agresión sexual es una sensación constante de ansiedad y desesperanza.

La violación no es solamente una violación del cuerpo sino también del mundo interior de la persona y puede resultar en un Trastorno de Estrés Postraumático, pero es erróneo utilizar la presencia de este trastorno como de otras patologías psiquiátricas como una demostración de la gravedad del ataque. De la misma manera en la cual no todas las personas que sufren de depresión manifiestan exteriormente o públicamente su tristeza, no todas las víctimas de violencia entran dentro de unos cánones predefinidos de sintomatologías y diagnósticos.

Uno de factores que más influencia tiene sobre el malestar emocional tras las agresiones sexuales es la victimización secundaria o re-victimización que sufren las víctimas de agresiones sexuales durante el proceso judicial. En la sociedad, a menudo se utilizan discursos que tienden a culpabilizar a las víctimas o sobrevivientes de violencia sexual. Esto muy raramente ocurre para otros crímenes y tiene el efecto o la función de hacer que las víctimas se queden calladas, con miedo y reacias a buscar justicia.

Cuando una sobreviviente de abuso sexual llega a testificar en contra de sus presuntos agresores, la defensa casi siempre adopta como su estrategia judicial el continuo cuestionamiento del testimonio de la víctima para que ella sea, aunque sea en parte, considerada responsable del abuso sexual o consenciente en el acto sexual.

Inevitablemente, esto genera sentimientos de culpa y vergüenza en la víctima. Todavía más peligroso para la sociedad es la normalización de la violencia que es implícito en esta estrategia de defensa. En estos casos, el planteamiento ético de la defensa es cuestionable y tendría que ser cuestionado ya que evitar que la mujer sufra otra victimización tras la agresión sexual, es crucial tanto para su pronta recuperación emocional psicológica como para que la sociedad y comunidad sane sus heridas.

Ante el juicio en curso en Pamplona, queremos destacar el peligroso mensaje que están actualmente recibiendo las mujeres: primero, se las anima incesablemente a denunciar cualquier abuso sexual, para posteriormente cuestionar la credibilidad de cada denuncia, lo que las deja desprotegidas y agrava las consecuencias psicológicas del abuso.

Es extremadamente importante buscar alternativas en los procesos judiciales que protejan a la mujer del daño emocional asociado a la re-victimización. Las mujeres que han sufrido un abuso sexual tienen que sentirse protegidas por el sistema judicial y respaldadas por la sociedad en su conjunto. La sociedad, es decir, todos nosotros, tenemos que posicionarnos al lado de las víctimas para evitar así las secuelas emocionales como consecuencia de la re-experimentación del abuso y promover que las mujeres que han sufrido violencia sexual se sientan seguras y empoderadas para denunciarlo y seguir así adelante en su proceso de recuperación.

Este texto es una ampliación de la carta al director publicada en el diario El País el 20/11/2017.

Autor

Gemma Saez y Marco Gemignani

Gemma Sáez y Marco Gemignani son profesores del Departamento de Psicología de la Universidad Loyola Andalucía.

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