San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.

12 de marzo, aniversario de la canonización de San Ignacio de Loyola

Como muchos saben, la celebración litúrgica de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, cuyo gentilicio da nombre a nuestra universidad, tiene lugar el 31 de julio, día del aniversario de su muerte en Roma, en 1556. En nuestras tierras, dicha fiesta coincide con la canícula y las vacaciones; no es raro que durante años esta fiesta haya pasado un tanto desapercibida para una buena parte del alumnado y del personal. Hemos de reconocer que nunca fue una celebración destacada que formara parte de nuestra tradición institucional.

Por eso se ha decidido recordar con una vacación otra importante efeméride ignaciana, cual es la fecha de su canonización de San Ignacio de Loyola, la cual tuvo lugar el día 12 de marzo de 1622, 66 años después de su muerte. Ese día (concretamente un sábado) fue elevado a los altares por el papa Gregorio XV, junto a otros cuatro santos muy renombrados: su compañero y gran amigo Francisco Javier, Teresa de Ávila, gigante mujer donde las haya, Felipe Neri, fundador de la Congregación del Oratorio e Isidro Labrador, patrono de Madrid. En Italia se decía que fueron canonizados “tres españoles y un santo”, reservando el honor de santo a san Felipe Neri, contemporáneo de san Ignacio. Hay testimonios de que ambos mantuvieron buena amistad.

Se entiende que en la Universidad Loyola Andalucía  hayamos decidido trasladar a este día la fiesta de nuestro patrono, con su consiguiente vacación. Por tanto, aunque este año 2015 la vacación académica y laboral se celebre el viernes 13 de marzo por razones comprensibles, fue un 12 de marzo cuando tuvo lugar la canonización de San Ignacio de Loyola.

Nuestras celebraciones serán más modestas que aquellas que describen las crónicas de la época; por ejemplo, unas “Sumptuosas fiestas que la villa de Madrid celebro a XIX de Junio [unos días después] de 1622. En la canonización de San Isidro, San Ignacio, San Francisco Xavier, San Felipe Neri Clérigo Presbitero Florentino, y Santa Teresa de Jesus.» O, también, por ejemplo, los diez días (¡) de fiesta en la calurosa Écija (a medio camino entre nuestros dos campus…) el día del santo: “Fiesta de las canonizaciones del esclarecido Patriarca san Ignacio de Loyola, Fundador de la sagrada Religion de la Compañia de Jesús ; y del glorioso san Francisco Xavier de la mesma Compañia y Apóstol de la India (…), desde treinta de Julio hasta diez de Agosto, que se celebran en el Colegio de la Compañía de Jésus de Ecija”. [1]

Puestos a festejar a nuestro patrono, me gustaría ir al fondo de su herencia, dando un “salto” algo atrevido. He elegido unas palabras “apócrifas”, supuestamente dirigidas a los jesuitas de hoy, que el gran teólogo Karl Rahner ponía en boca del mismo Ignacio, en un texto memorable que recomiendo leer en su totalidad. Expresa magistralmente el meollo de la espiritualidad del santo cuya fiesta celebramos y merece la pena recordarlo:

Debería deciros ahora expresamente a vosotros, secretos y reprimidos ateos de hoy, de qué manera puede el hombre encontrarse directamente con Dios hasta llegar, en esa experiencia, al punto en que Dios se hace accesible en todo momento (no sólo en ocasiones especiales de carácter «místico»), y todas las cosas, sin necesidad de desvirtuarse, le transparentan. A decir verdad, debería hablar de cuáles son especialmente las circunstancias más adecuadas para dicha experiencia (si se desea que éstas resulten, ante todo, nítidas), circunstancias que en vuestra época no tienen por qué ser siempre las mismas que traté de establecer en las «Anotaciones» de mis Ejercicios, aun cuando también estoy convencido de que los Ejercicios, tomados casi al pie de la letra, podrían ser aún más eficaces que algunas de las «adaptaciones» que, aquí y allá, están hoy de moda entre vosotros. Debería dejar bien claro que el provocar una experiencia divina de este tipo no consiste propiamente en indoctrinar sobre algo previamente inexistente en el ser humano, sino que consiste en tomar conciencia más explícitamente y en aceptar libremente un elemento constitutivo y propio del hombre, generalmente soterrado y reprimido, pero que es ineludible y recibe el nombre de «Gracia», y en el que Dios mismo se hace presente de modo inmediato.

Os deseo una feliz celebración.



[1] Textos citados por Axelle Guillausseau (2007) en una publicación de la Casa de Velázquez, de Madrid.

 

Autor

Jose Juan Romero SJ

Sacerdote jesuita, doctor ingeniero agrónomo y profesor emérito de la Universidad Loyola Andalucía.

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